viernes, 23 de septiembre de 2016

"Triste, solitario y definitivo"

  


Los mentalmente perezosos tienden a clasificar la literatura y cine de ficción por géneros: histórico, terror, policíaco, drama, comedia, aventuras... Para esta gentecilla, El largo adiós es una novela policíaca: hay una serie de muertes (¿suicidios, asesinatos?) y un detective, el famoso Philip Marlowe, empeñado en esclarecerlos.
No es necesario ser especialmente avispado para caer en la cuenta, apenas leídas unas páginas, de que lo que menos importa al autor, Raymond Chandler, es revelar al lector quién cometió esos crímenes. Pues la investigación criminal es solo un pretexto para hablar de otras cosas, cosas como la amistad y la soledad, la traición y la lealtad, la dureza y la ternura..., además de, por supuesto, realizar una crítica social concentrada en píldoras (camareros mal afeitados que, en vez de servir, "tiran" la comida en sucios locales donde no se permite la entrada "ni a perros ni a mujeres", delincuentes que ganan muchísima pasta "para untar a los tipos que hay que untar para ganar muchísima pasta y untar...", policías corruptos, escritores colgados de la jeringa, ricas herederas aburridas que saltan de cama en cama hasta que alguien las mata, héroes de guerra alcohólicos y mezquinos en la vida civil...).
Aconsejo leer esta joya de la literatura negra despacio, paladeando cada sorprendente metáfora, contagiándose de un sentido del humor extrañamente cínico, desentendiéndose del supuesto enigma que hay que descifrar (en varios capítulos Chandler ofrece posibles y distintas soluciones del mismo, y cualquiera puede ser tan buena como cualquier otra), y permitiéndose invadir la intimidad del protagonista, caballero andante del siglo XX, duro y a la vez sentimental, leal al amigo antes que a la fuerzas del orden, y finalmente escéptico y cansado cuando descubre el juego sucio que se ha jugado a su alrededor. Más fiel a un ideal de amistad que a la realidad de un amigo tramposo, ese amigo por el que una vez lo dimos todo y del que, aun después de descubrir sus engaños y traiciones, todavía esperamos que, antes de desaparecer para siempre de nuestras vidas, se vuelva para dirigirnos una última mirada, triste y melancólica, "por los viejos tiempos". La revelación final es amargura destilada por la fuerza de los desengaños acumulados:
"No voy a decirte adiós. Te lo dije cuando significaba algo. Te lo dije cuando era un saludo triste, solitario y definitivo." 
Una petición: no veáis la película de Altman antes de leer la novela de Chandler, es más, evitad verla incluso después de haberla leído. Para el que esto escribe, es uno de los casos más flagrantes de traición al espíritu (no a la letra, que importa menos) de una obra literaria, una obra que merecía mucha mejor suerte en su adaptación al cine [1].


[1] Otro ejemplo igualmente escandaloso es la adaptación de Ocho millones de maneras de morir perpetrada por Oliver Stone (guionista) y Hal Ashby (director). Es sabido que el título de esta magnífica novela, para mi gusto la mejor de Lawrence Block/Matt Scudder, hace referencia a la ciudad de Nueva York, cuyos rincones oscuros, calles, iglesias, tugurios, prostíbulos, espectáculos de boxeo y reuniones de alcohólicos anónimos son los verdaderos protagonistas del relato. Pues bien, los “adaptadores”, además de transformar una trama fascinante en mortalmente aburrida, trasladaron la acción del frío invierno neoyorkino al soleado San Francisco de empinadas calles, dejando irreconocible una historia de la que casi solo se conserva el título.  



viernes, 9 de septiembre de 2016

Leónidas y los 300 (que no eran 300)

"Cuando la leyenda supera a los hechos, es mejor contar la leyenda". Pero los hechos también quieren ser escuchados. La leyenda de los 300 perdurará, pero al menos sepamos que es una leyenda. Como siempre ocurre, los hechos desnudos son más sórdidos y menos heroicos.


 
Licencia Creative Commons
Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

jueves, 1 de septiembre de 2016

Hitchcock y el Psicoanálisis: "Recuerda" (A. Hitchcock, 1946)



1. El psicoanálisis en el cine de Hitchcock.

Hay dos películas en las que Hitchcock trata explícitamente el tema del psicoanálisis: una es Recuerda y la otra Marnie, la ladrona. Ambas tienen además una trama argumental semejante, basadas en un doble motivo de suspense: por una parte, qué oculta el protagonista en el fondo de su mente (en ambos casos, un recuerdo infantil reprimido[1]); por otra, la persecución poli­cial: ¿será atrapado el protagonista por la policía? En Recuer­da, existe un triple motivo de suspense, ya que no sabemos si Gregory Peck es inocente o culpable del crimen del que se le acusa; en Marnie la ladrona sabemos desde el principio que Marnie ha cometido efectivamente los robos.
Pero, además de estas dos películas, gran parte del cine de Hitchcock está marcado por el psicoanálisis. Citaremos como ejemplos:
-Los casos claros de enamoramiento edípico en Psico­sis y Los pájaros, así como otros más o menos disfraza­dos (la madre dominante de Encadenados, el tío como sustituto del padre en La sombra de una duda...).
Fijación edípica en Psicosis...
....y en Los pájaros.


 -Algunas películas como Encadenados, Vértigo o Los pájaros, parecen a ratos la filmación de un sueño, plagado además de símbolos[2].
-Vértigo es la puesta en escena de dos mecanis­mos de defensa frente a la culpabili­dad: la disfunción psíquica (en este caso, el miedo a las alturas) que evita el recuer­do del hecho angustio­so; la negación de lo sucedi­do, implícita en el empeño del prota­gonista de permanecer enamorado de una mujer muerta a la que (metafó­ricamente) resucita. Frente a los mecanismos de defensa, aparece la necesidad de revivir el trauma para alcanzar la necesaria curación (tema de la catarsis, presente también en Rebeca o en Marnie).
-Hitchcock presenta los impulsos de destrucción anidando en el interior de todos los hombres: así, la única diferencia entre el "bueno" y el "malo" es que el segundo realiza lo que el primero desea. El ejemplo más claro es Extraños en un tren. Por eso, aceptamos naturalmente las transferencias de culpabilidad: el protagonista merece el castigo a causa del deseo no ejecuta­do[3].
-La sexualidad es una realidad omnipresente en todas las películas de Hitchcock, sobre todo a partir de los años 50. Por ejemplo, La ventana indiscreta es, más que una intriga criminal, un repertorio de actitudes ante la sexualidad. A veces, lo sexual se presenta de manera simbólica, lo que se manifiesta sobre todo en la relación entre sexo y violencia: los asesinatos se filman como coitos o violaciones (estrangulamiento de Extraños en un tren, la ducha de Psicosis...).
-Podemos citar también la base argumental de algunas películas, que reproduce casi literalmente una situación de cuento infantil de filiación edípica: Así, el triángulo de Encadenados (el héroe, la doncella y el malvado que la tiene secuestrada), o el ama de llaves de Rebeca, trasun­to de la bruja-madrastra de Blancanieves.

2. Recuerda como puesta en escena del psicoanálisis.

Cartel publicitario de Recuerda
Ya desde su inicio, Recuerda manifiesta claramente su intención didáctica y divulgativa: "Esta es una película sobre el psicoaná­lisis". A continuación de esta declaración de intenciones, resume en unas pocas líneas lo esencial de la terapia psicoanalítica: "El psicoanalista solo pretende inducir al paciente a hablar sobre sus problemas ocultos para abrir las puertas de su mente. Cuando los complejos que inquietan al paciente salen a la luz y se interpretan, la enfermedad y la confu­sión desaparecen... y los demonios de la sinrazón se alejan del alma humana."
El guión, de Ben Hecht, es una trama de misterio en la que este es doble: ¿es culpable Gregory Peck?, ¿qué le ocurrió en su infancia? El psicoanálisis aparece como el único método capaz de contestar a estas preguntas (ya que la investigación policial es totalmente ineficaz: aquí, como en tantas películas de Hitchcock, se siente la inutilidad de la policía, amenaza más que protec­ción).
Se ha acusado a la película (p. ej, Truffaut en su libro sobre Hitchcock) de ser excesivamente explicativa, lógica y racional; estilo que desentona no sólo con su tema (el incons­ciente), sino con otras películas de Hitchcock en las que este confía menos en los diálogos y más en las sugerencias visuales. Una vez más, hay que referirse al carácter didáctico de la película: si queremos una lección de psicoanálisis, ésta es una película idónea (como también lo es, por ejemplo, Freud, pasión secreta, de Huston); si lo que queremos es una aplicación cinematográfica del psicoanálisis, podemos utilizar Vértigo o En compañía de lobos (o, más recientemente, Mulholland Drive).
Entre los conceptos del psicoanálisis de Freud que se van desgranando a lo largo de la película podemos citar los siguien­tes:
a) El concepto base es el de inconsciente, es decir, contenidos mentales (recuerdos, deseos, etc.) de los que no tenemos conciencia; solo podemos conocer sus efectos, representa­ciones oscuras e incomprensibles, que son, en palabras del psicoanalis­ta, "como las piezas de un rompeca­bezas que no encajan".
b) Aparece también el concepto de represión: olvido de los contenidos mentales desagradables o peligrosos, como medio de defensa frente a ellos. El mismo psicoanalista, el antiguo profesor de Ingrid Bergman, explica la esencia de la represión y el peligro que supone para la mente: "Con mucha fre­cuencia el ser humano no quiere conocer la verdad sobre sí mismo porque cree que le va a dañar, pero se hace aún más daño intentando olvi­dar."
La represión se extiende al núcleo objeto de rechazo y a otros contenidos relacionados: así, la represión de un recuerdo de infancia (muerte del hermano) provoca la de un acontecimiento similar (muerte del psiquiatra), y esta a su vez necesita que se opere un cambio en la personalidad del sujeto (olvido de toda la existencia anterior).
c) Relacionado con el concepto de represión aparece el de resistencia: el sujeto sigue intentando defenderse reaccionando contra la posibilidad de que el hecho reprimi­do salga a la luz. La resistencia puede tomar la forma de odio o desprecio hacia el psiquiatra que intenta abrir las puertas del inconsciente. Lo dice la doctora Petersen (Ingrid Bergman): "Cuando el médico descubre la verdad del pacien­te, se empieza a desarrollar en éste un auténtico odio hacia el médico."
Y para apoyar la verdad de esta afirmación, Gregory Peck reacciona así unos segundos después: "Si hay algo que odio es una mujer sabihonda". En realidad, lo que odia es que descubran sus secre­tos; la misoginia es -como casi siempre- un disfraz de temores mucho más profundos.
"Imagine que yo soy su padre", atajo para alcanzar la transferencia.
d) El Complejo de Edipo no está explicado directamen­te (quizá por razones de censura), pero sí hay unas cuantas alusiones:
-La más clara aparece al principio: el enfermo que cree haber matado a su padre y se siente culpable por ello. El énfasis no se pone en la existencia de un deseo infantil (la muerte del padre), sino en el sentimiento de culpabili­dad que sigue a ese deseo (anuncia el tema de la culpa en el protagonista): "Hay gente que se cree culpable de algo que no ha hecho y la causa suele remontarse a la infancia... A veces, un niño desea que le pase algo malo a alguien[4], y si es así, se siente culpa­ble y crece con complejo de culpa por algo que no fue más que una pesadilla infantil."
-Otra alusión al Complejo de Edipo, referida ahora a la atracción erótica hacia el padre de sexo opuesto, aparece en la salida al campo de Gregory Peck e Ingrid Bergman:  "La gente se ena­mora porque responden a cierto color de pelo, o tono de voz, o ademanes que les recuerdan a sus padres." Es decir, busca en la pareja un "doble" del padre o la madre, ya que el padre o madre real es inalcanzable.
-Finalmente, dos alusiones más breves aparecen en el comentario del policía ("pegado a las faldas de su madre") y la estrategia del psiquiatra ("seré la imagen de su padre"[5]).
e) Los actos fallidos, o comportamientos -supuestos "errores"- que responden a una motivación inconsciente, pueden ser descu­biertos en varios momentos de la película:
-El tropiezo de Ingrid Bergman al atravesar una alambrada. Gregory Peck le advierte que tenga cuidado, Ingrid Bergman se toma a broma su advertencia y tropieza: podemos suponer que la finalidad de este tropiezo es que Gregory Peck la tome en brazos.
-Se puede considerar también un acto fallido la revelación involuntaria de su culpabilidad hecha por el doctor Murchison, impropia de una persona supuesta­mente tan inteligente como él (quizá, en el fondo, desea ser castiga­do)[6].
f) Muy próximo a los actos fallidos aparece el meca­nismo de la racionalización o invento de justificaciones para ocultar la verdad que no se quiere admitir. Un ejemplo: Ingrid Bergman va al dormitorio de Gregory Peck, declarando que lo hace para comentar su libro. Un segundo después declara la verdad: "Estaba convencida de querer comentar el libro con usted y me sorprende el subterfugio. No tengo el menor deseo de comentarlo."
g) Se da un especial relieve a la formación de sínto­mas neuróti­cos, en este caso, la reacción angustiosa ante la representación que evoca el contenido reprimido (rayas paralelas sobre fondo blanco).
h) La técnica psicoanalítica se basa en la evocación por parte del paciente de representaciones inconscientes a partir de otras con las que se han asociado: se trata de reco­rrer estas asocia­ciones a la inversa, sin atender a exigencias de razonabi­lidad (la apariencia de sinrazón es una forma de resistencia: por eso lo evocado ha de ser "cuanto más raro mejor, desde el punto de vista científi­co"). Tal técnica se usa en la asociación libre (escena del tren), en la interpretación del sueño y, en la película, en la repeti­ción de la experiencia inmediatamente asociada a la que originó el trauma (esquiar por una ladera nevada)[7].
Ojos soñados aluden a vigilantes (¿qué pensaría Freud?)
i) Una atención especial a la secuencia del sueño y su interpre­tación. Diseñada por Salvador Dalí, Hitchcock pretendía ante todo apartarse de la tradición cinematográ­fica sobre la representación de los sueños (brumas, imagen borrosa, etc.): quería un sueño luminoso con figuras muy definidas.
Se trata de una de las secuencias más didácticas: comienza explicándose la diferencia fundamental, la que hay entre contenido manifiesto y contenido latente: "Mientras soñaba pensaba que todo eso quería decir algo, que había otro significa­do que debía descubrir."
La rueda como sustituto del revólver (?).
A continuación se inicia el relato del sueño. Se puede objetar a esta secuencia que ahí termina toda la participa­ción del paciente, al que no se le piden nuevas asociacio­nes; la labor interpretativa es realizada por los tres psiquia­tras, el profesor, la doctora Petersen y el doctor Murchison, descubriendo significados al parecer evidentes para ellos, como extraídos de un diccionario de símbolos (rueda=revólver, sombra alada=ángel, ojos=vigilantes, etc.).
Podemos anotar un ejemplo de condensación: el lugar es a la vez local de juego y clínica psiquiátrica; lo que permite un desplazamiento: el personaje sin rostro, en realidad el responsa­ble de la clínica, aparece como el dueño del local de juego.
j) Un breve comentario sobre el tratamiento de la sexuali­dad: Una película sobre el psicoanálisis no puede ignorar sus aspectos sexuales, pero una película sobre el psicoanálisis realizada en Estados Unidos en los años 40 debe someterse a un código de censura que le impide mostrar éstos abiertamente.
En Recuerda, los contenidos sexuales aparecen disfra­zados de forma que un conocedor del psicoanálisis pueda descubrirlos fácilmente: Por ejemplo, cuando Ingrid Bergman vuelve de su paseo con Gregory Peck, un doctor comenta "La señorita ha estado trepando a los árboles". Todo el que haya leído a Freud sabe que trepar simboliza la actividad sexual. El simbolismo de las puertas que se abren -ejemplo de montaje metafórico que recuerda a Eisenstein-, aunque ambiguo (en el texto escrito del principio se habla de "abrir las puertas de la mente"), en el contex­to en que aparece parece tener también un significado sexual (en el simbolismo onírico, la habitación representa la mujer y la puerta su órgano genital). El sombrero, al que alude explícitamente Ingrid Bergman cuando manifiesta su deseo de ser más femenina, es un símbolo genital, como también lo son el cuchillo y el abrecartas. Hay otro momento más evidente: cuando Ingrid Bergman elige comer salchicha[8].
En la otra película de Hitchcock sobre el psicoanáli­sis, Marnie, la ladrona, los contenidos sexuales son mucho más explícitos: la enfermedad de Marnie es de natura­leza sexual (frigidez), así como el recuerdo reprimido (intento de violación por un personaje que, si no es el padre, tiene algo de figura paterna); los títulos de los manuales psiquiátricos también son significativos: en Recuerda el libro se llama El laberinto del complejo de culpabi­lidad; en Marnie, Aberraciones sexuales de la mujer criminal. Los tiempos cambian, y los asuntos sexuales pueden plantearse en 1964 mucho más abiertamente que en 1945.


    [1]En Recuerda fue la muerte accidental de un hermano; en Marnie la muerte (por defender a su madre) de un amante de ésta. La enfermedad mental (amnesia, frigidez) es un medio de defensa frente a estos recuerdos.
    [2]¿Es el comportamiento de los pájaros un reflejo onírico de los estados de ánimo de los personajes? Hay que recordar también el significado sexual de los pájaros en el psicoanálisis.
    [3]Se ha señalado muchas veces que esta idea de una culpa universal es la traducción de la doctrina cristiana del pecado original.
    [4]Ese "alguien" general se refiere concretamente al padre, al menos en el caso del paciente.
    [5]Aquí aparece también una aplicación del concepto de transferen­cia, por el cual el paciente revive (a través de la persona del psicoanalista) los sentimientos de su infancia.
    [6]En Psicopatología de la vida cotidiana, Freud cita varios casos de actos fallidos cuyo sentido oculto es que el sujeto se autoinflige un castigo, quizá para aliviar el sentimiento de culpa o para evitar otro castigo mayor. Así, una mujer que había abortado, al ir a comprar un cuadro para la habitación de otro de sus hijos, tropezó de forma estúpida y se desfiguró horriblemente la cara, sin siquiera adelantar los brazos para evitar o amortiguar el golpe. El análisis reveló el significado oculto de este tropiezo: "¿Para qué te sirve comprar un cuadro a tu hijo, si has matado a tu otro hijo?"
    [7]Que yo sepa, ningún psicoanalista ha sostenido nunca la necesidad de revivir físicamente la experiencia asociada al contenido reprimido; de lo que se trata es de evocarla en el recuerdo reviviendo (eso sí) la emoción originaria. El mismo profesor (representante del psicoanálisis ortodoxo) pone reparos a este experimento. Sin embargo, desde un punto de vista dramático es mejor para la película, ya que añade un nuevo motivo de suspense: ¿Intentará Gregory Peck matar a Ingrid Bergman?
    [8]La excesiva obviedad de este diálogo, que lo emparenta con un chiste procaz, anticipa el final de Con la muerte en los talones: un tren penetrando en un túnel.

Licencia Creative Commons
Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.