lunes, 18 de septiembre de 2017

Momentos estelares de la historia del cine (V): Lo que las palabras no dicen.

Entradas anteriores de la serie:

Pausas entre batallas y cruces de miradas (Río Bravo, El topo).
Bosques de bambú, damas marciales y toques zen (A touch of zen).
Odiar el desierto por no tener agua (La venganza de Ulzana).
Lecciones de Cine para preadolescentes (El padrino).



Y al pensar en el rostro de Amos esa noche, le vino a la mente ese mismo rostro durante la noche más terrible del mundo, cuando Amos salió de la oscuridad y penetró en la confusión de la cocina de los Edwards, llevando el brazo de Martha pegado a su pecho. La mutilación no era visible cuando Martha yacía en el ataúd que le habían fabricado. Su rostro parecía joven y sereno, y sus manos cruzadas descansaban sobre su regazo, una ligeramente más pálida que la otra. Eran manos curtidas, que desvelaban la edad que no desvelaba su rostro, surcadas con pequeñas cicatrices. Martha siempre se hacía daño en las manos. Mart pensó: «las desgastó, se las hirió, trabajando para nosotros».

viernes, 1 de septiembre de 2017

A vueltas con el argumento ontológico



            Intentemos recapitular las discusiones sobre el argumento ontológico sirviéndonos del diálogo como género literario, tradición filosófica que arranca de Platón y tiene exponentes tan brillantes como Agustín de Hipona, Giordano Bruno, Galileo, Berkeley, Hume... Fingiremos un diálogo filosófico entre un teísta convencido de la validez de la prueba ontológica y un ateo que rechaza tanto el argumento ontológico como cualquier otra prueba de la existencia de Dios. Para continuar con la ficción, supondremos que el diálogo tiene lugar en dos días sucesivos: en el primero la iniciativa la lleva el teísta, que expone el argumento y disuelve las primeras objeciones basadas en la mera incomprensión; el segundo día es el ateo quien expone las principales críticas al argumento (y que, aunque no se cita ningún autor, corresponden aproximadamente a los puntos de vista de Kant, Gaunilón y Tomás de Aquino), llegando al final a una conclusión en la que ambos reconocen la dificultad del problema y que una solución de este solo es posible a partir de una clarificación de problemas filosóficos mucho más generales. La división del diálogo en partes y los títulos que resumen el contenido de estas, aunque no son estrictamente necesarios e incluso pueden resultar molestos, también pueden ayudar al lector a no perderse en la discusión.

            A) Exposición del argumento ontológico.


            A.1. Necesidad de poseer una idea de Dios, incluso para negar su existencia.

            T.- Mi propósito es demostrarte que Dios existe y para ello pretendo que tú mismo te convenzas de que tus propias ideas sobre Dios llevan necesariamente a esa conclusión.

domingo, 27 de agosto de 2017

Momentos estelares de la historia del cine (IV): Lecciones de Cine para preadolescentes.

Entradas anteriores de la serie:
Pausas entre batallas y cruces de miradas (Río Bravo, El topo). 
Bosques de bambú, damas marciales y toques zen (A touch of zen).
Odiar el desierto por no tener agua (La venganza de Ulzana).


Pónganse ustedes en situación, si su capacidad de imaginar se lo permite: sería el año 76 o, como mucho, 77; un chaval de unos once años entra en una sala de cine de sesión continua mediada la proyección de la película, tal como era costumbre en esos cines y en esos años. El programa era para mayores de dieciocho años, pero en aquel cine España de Campamento, en Madrid, taquillera y portero hacían siempre la vista gorda. En la pantalla tenía lugar una conversación en torno a una mesa, en italiano (primera sorpresa: ¡había subtítulos, como en las raras películas que ponían en la segunda cadena y que casi nadie veía!), uno de los personajes se levantaba de la mesa para ir al baño. Segunda sorpresa: el personaje se introducía en un retrete oscuro y sórdido, casi podíamos oler la suciedad flotando en una atmósfera amarillenta, y a tientas buscaba un revólver escondido detrás de la cisterna. Todo esto ocurría en la pantalla mientras en la oscura sala el acomodador señalaba con la luz de su linterna el camino hacia las butacas vacías, una de las cuales fue ocupada sin que desde ese momento hasta los créditos finales la todavía infantil mirada pudiera desviarse de la pantalla ni un solo segundo. Aquel chaval, que crecía en una España recién salida del franquismo, se daba de bruces con un realismo que le resultaba absolutamente desconocido y a pesar de su analfabetismo cinematográfico comenzaba a intuir que esos detalles de ambientación (como el polvo en el alféizar de cierta película de Bresson comentada por Bazin) no estaban ahí por casualidad, sino para hacer creíble lo que se le estaba contando. Aquella tarde, que nunca olvidaría, ese chaval captó la diferencia entre las películas como meros instrumentos para combatir el aburrimiento y una forma de arte llamada Cine. Aquel chaval era yo, y la película El padrino.
"El aire pareció llenarse de finas gotas de sangre" (Mario Puzo)

martes, 1 de agosto de 2017

Momentos estelares de la historia del cine (III): Odiar el desierto por no tener agua.

De Centauros del desierto a La venganza de Ulzana




Entradas anteriores de la serie:
Pausas entre batallas y cruces de miradas (Río Bravo, El topo).
Bosques de bambú, damas marciales y toques zen (A touch of zen).


     1956, The searchers (aquí titulada Centauros del desierto): un poco más neurótico de lo habitual, lo cual ya es decir bastante, Ethan Edwards (John Wayne) dispara dos balas de su revólver contra los ojos de un comanche muerto para que, de acuerdo con las creencias religiosas de los indios, su espíritu no pueda encontrar la puerta de su paraíso de ultratumba.
1972, Ulzana’s raid (aquí conocida como La venganza de Ulzana): cuatro soldados de caballería se lanzan a mutilar el cadáver de un apache –al que un poco antes, todavía vivo, habíamos visto participar en una profanación similar de otro cadáver, en esa ocasión de un soldado-, por el único motivo de que “esas cosas les asustan”.
Disparando a los ojos de un cadáver: Centauros del desierto (John Ford, 1956)

viernes, 14 de julio de 2017

Momentos estelares de la historia del cine (II): Bosques de bambú, damas marciales y toques zen.

Entrada anterior de la serie:
Pausas entre batallas y cruces de miradas (Río Bravo, El topo).

Agentes del gobierno a las órdenes de un eunuco corrupto...
Hubo un tiempo en que el cine desconocía la técnica del Croma ("fondo verde sustituible por lo que se quiera") y demás efectos digitales, y eso no le volvió incapaz de crear secuencias tan espectaculares y hermosas como la aquí comentada. Pertenece a una película taiwanesa originalmente titulada Xia nu; título que, si intentáramos una traducción más o menos literal, podríamos interpretar como un contrasentido: xia es "caballero" (podríamos añadir "andante" o "errante"), nu es "dama", "señora". Y es que en Occidente no existe una tradición de relatos sobre esos "caballeros andantes femeninos" que tanto abundan en la literatura y cinematografía chinas (lo más parecido serían las superheroinas tipo Wonder-Woman, pero aquí ya estaríamos hablando de caricaturas, como todos los superhéroes lo son de los caballeros andantes antes mencionados). Ya se sabe que, en nuestra cultura, han funcionado durante siglos los estereotipos, traducibles en ecuaciones, "épico = masculino" y "sentimental = femenino", pero al parecer en China las cosas no han sido exactamente así. Bien por los chinos, al menos en este aspecto.

miércoles, 5 de julio de 2017

Momentos estelares de la historia del cine (I): Pausas entre batallas y cruces de miradas.


  Una pausa entre batallas (Río Bravo)


Amo el cine y amo la música, pero (salvo dos o tres excepciones) detesto el cine musical: aparente paradoja, que sin embargo no resulta extraña entre cinéfilos, me he encontrado a más de uno en ese mismo caso. Y en este género tan poco atractivo, al menos para mi humilde persona, lo que más insoportable me resulta son esos terribles momentos en que la acción se interrumpe sin motivo, o con motivo insuficiente, y el actor o actriz (casi siempre doblado) se pone a cantar. Vergüenza ajena.
No hay regla sin excepción (¿ni siquiera tiene excepción la regla que dice que "no hay regla sin excepción"?) y podría citar un par de casos en que actores cantando no destrozan la película: por ejemplo, me parecen indiscutiblemente adecuadas y coherentes con la historia narrada las canciones de Clint Eastwood en El aventurero de medianoche (una de sus películas menos conocidas y por tanto injustamente subvalorada) y, por supuesto, creo que roza lo sublime la escena elegida para esta entrada, primera entrega de una serie que espero larga y que he titulado "Momentos estelares de la historia del cine".

miércoles, 28 de junio de 2017

Hasta la vuelta

Casi sin darnos cuenta se nos ha ido el curso. Espero no haberos decepcionado como tutor y profesor de filosofía: perdonadme las muchas veces que he sido injusto o no he estado lo bastante atento a vuestros problemas, dudas y necesidades. No voy a excusarme, pues ya os he dicho varias veces lo que pienso de las excusas, pero espero de vuestra generosidad que recordéis solo lo bueno y os olvidéis de todas las cosas malas.

sábado, 24 de junio de 2017

El pasado es impredecible



-Deje que le cuente lo que va a pasar: tres agentes de la seguridad nacional van a esposarle… y luego le acusaremos de blanqueo de dinero y seis cargos de conspiración y asesinato, y yo me iré a mi casa porque mañana es el cumpleaños de mi hijo… Mientras usted come puré de patatas en su celda, piense en mí entre las olas doradas del trigo.
-No, eso no es lo que va a pasar ahora. Lo que va a pasar ahora es esto: dentro de cinco minutos se va a abrir esa puerta y un hombre con el que no podrá discutir me dirá que puedo irme, y yo me levantaré de esta silla y desapareceré por el mundo con la ayuda de Dios… Agente Burgle, Gloria, créame: el futuro es seguro y cuando llegue usted sabrá cuál es su sitio en este mundo.
Tras pronunciar estas palabras, el rostro del mafioso Vargas se oscurece y la cámara medio-enfoca el reloj de pared situado tras él. A continuación, primer plano del rostro de la agente Burgle y contraplano del mismo reloj, que marca una hora difícil de precisar. Vuelta al rostro de la agente, en el cual parece empezar a dibujarse una media sonrisa. ¿Han pasado ya los cinco minutos? ¿Cuál de los dos tiene razón? ¿Es una sonrisa victoriosa o escéptica? Sin que ningún espectador pueda contestar estas preguntas, aparecen los créditos finales: la tercera temporada de Fargo concluye con un gran signo de interrogación.

miércoles, 7 de junio de 2017

Una reflexión sobre lo sagrado


Edición española que traduce Das Heilige como Lo santo...

Tengo un vago recuerdo de una primera lectura de Lo santo (Das Heilige, de Rudolf Otto, título probablemente mejor traducible como “lo sagrado”) muchos años atrás, más de los que me gustaría creer. Antes de emprender una nueva lectura mi recuerdo de este texto podría resumirse, y casi agotarse, en tres palabras, dos adjetivos más una conjunción: “tremendo y fascinante”. Puesto que el sustantivo del que se decían ambos adjetivos, “Misterio”, vendría a equivaler a descripciones como “lo sobrenatural” o “lo divino”. Según creía recordar, se trataba de una forma de evitar la palabra “Dios”, pues no todas las religiones entienden el objeto de su culto de la misma manera.

domingo, 14 de mayo de 2017

Más textos para la EVAU

Los alumnos de Bachillerato suelen tener problemas (más de los que se dicen) de comprensión de textos, con mayor motivo si estos textos tienen una cierta densidad conceptual como la que cabe esperar de un fragmento filosófico.
Tras una primera entrada (esta) en la que recogía dos textos comentados, de Aristóteles y Hume, propongo ahora un repertorio algo más extenso con textos representativos de los autores de más frecuente aparición en los exámenes de Filosofía de las pruebas de acceso a la Universidad.
El propósito es favorecer la familiaridad del alumno con la técnica del comentario, adquirible únicamente olvidándose de recetas nunca practicadas y desarrollando, mediante las cada vez menos frecuentes lectura y escritura personales, la muy empática capacidad de pensar como el autor de un texto.