domingo, 19 de marzo de 2017

Ránking de series



Se habla mucho de la “edad de oro” de las series de televisión. Lo cierto es que, de un tiempo a esta parte, las fronteras entre lenguaje televisivo y lenguaje cinematográfico han prácticamente desaparecido. Pues bien, juguemos un rato a las listas de favoritos. Para acotar un poco el terreno, incluyamos solo series de este milenio: por tanto, no valen ni Twin Peaks, ni El teniente Colombo, ni La hora de Alfred Hitchcock, ni Yo, Claudio, etc.  (series, para muchos, asociadas a recuerdos más o menos entrañables). Yo propongo esta lista e invito a discutirla y/o proponer listas alternativas. En orden, no demasiado estricto, de preferencia:
The Pacific
1.      Hermanos de sangre: la guerra en Europa tras el desembarco de Normandía.
2.      Fargo, temporada 2: western casi contemporáneo (años 80 del siglo XX) con apuntes fantástico-surrealistas.
3.      The wire (las cinco temporadas, especialmente la 1 y la 4): policíaco que apuesta hasta el final por el realismo sin maquillajes.
4.      Breaking bad: magnífico guión, grandes interpretaciones y un alto sentido del suspense.
5.      True detective, temporada 1: quienes gustaron de La isla mínima no pueden dejar de disfrutar esta serie, hipnótica desde los títulos de crédito.
6.      The Pacific: completa el díptico iniciado por Hermanos de sangre, ahora con la guerra del Pacífico.
7.      Fargo, temporada 1 (sin apenas relación con la 2, pueden considerarse dos series distintas): recreación libre de la película de los Coen, con personajes y situaciones similares pero distintos.
8.      Stranger things: el espíritu de Cuenta conmigo y otras películas de los 80 con un argumento de ciencia ficción.
9.      Boardwalk empire: crónica de gangsters.
10.   Better call Saul: ¿cómo llegó el abogado de Breaking bad a convertirse en el hombre cínico, y a la vez profesionalmente comprometido, que conocimos en esa serie?
Añado algunos capítulos de Juego de tronos, sobre todo los penúltimos de las temporadas pares, pero no la serie entera.


Better call Saul

Y entre las que nunca incluiría:
1.      The walking dead (los personajes vivos generan tan poca empatía, que uno está deseando que los maten y se conviertan en zombies).
2.      True blood (no tomar el nombre de los vampiros en vano, ver entradas del blog sobre el tema aquí, aquí y aquí).
3.      The young pope (¡qué desperdicio de actores!, ¿le gustaría a alguien esta serie si no estuviera avalada por un cineasta de culto como Sorrentino?).
True blood
   4. Los Soprano (una buena idea de partida, el mafioso que acude a terapia, se vuelve ridícula a base de estirarla como un chicle).
   5. House of cards (primero te aterrorizan con la posibilidad de que un psicópata llegue a presidente y luego lo hacen bueno al enfrentarlo a otro presidente más psicópata todavía).

lunes, 20 de febrero de 2017

Esbozo de guía didáctica para una introducción a la teoría del conocimiento



El propósito de esta entrada es modesto: un comentario del imaginario diálogo filosófico, ya publicado en este mismo blog, La insoportable levedad de ser (cerveza) que pretende aclarar y explicar, a efectos didácticos, las ideas que en el diálogo no han podido desarrollarse más por razones puramente literarias como el amor a la brevedad, además de ayudar a su comprensión mediante preguntas dirigidas a un hipotético alumno de Bachillerato aficionado a la Filosofía (alguno existe: como profesor doy fe). Comentario que sirve como una revisión, por supuesto incompleta y simplificada, del problema del conocimiento en la filosofía moderna.

 

Cuadro-resumen de las diferentes teorías de la gnoseología moderna.

 


 

1. Subjetividad de las sensaciones.

(1) La primera parte del diálogo trata de dejar aclarado un punto esencial: las sensaciones son hechos mentales, y en consecuencia aparecen o varían en función del estado de la mente. Un ejemplo es el frío que provoca la visión de una jarra de cerveza helada: el frío es una sensación propia del sentido del tacto, pero aparece provocada por la mera visión del objeto frío. Se puede entender que en la mente, como resultado de la experiencia pasada, las ideas o cualidades del cristal empañado (percepción visual) y la baja temperatura (percepción táctil) han quedado asociadas, de modo que la aparición de una de ellas lleva a la otra. En cualquier caso, ya elijamos esta sencilla explicación asociacionista u otra más compleja, lo que debe quedar claro es que es la mente, y no el objeto, quien ha provocado en este momento la sensación de frío.

La visión de la cerveza helada anticipa el sabor suavemente amargo y la sensación de frío que experimentaremos al probarla
Cita otros ejemplos similares al del texto, en que una sensación propia de un sentido lleva a la aparición de sensaciones pertenecientes a otros sentidos distintos. 


(2) El argumento anterior, a pesar de ser fácilmente comprobable, no basta para demostrar que todas las sensaciones son hechos mentales, ya que simplemente prueba que algunas sensaciones son provocadas por la mente. En primer lugar, han de distinguirse dos afirmaciones:
(a) Las sensaciones existen en la mente.
(b) Las sensaciones son provocadas por la mente.
El sentido común nos lleva a negar que todas las sensaciones sean provocadas por la mente, aunque admitamos que algunas (p. ej., las alucinaciones) sí. La solución parece entonces sencilla: algunas de nuestras sensaciones son provocadas directamente por objetos físicos, mientras que otras aparecen en función del estado de la mente (y a estas últimas les damos el nombre de “alucinaciones”). Sin embargo, esta forma de ver las cosas es claramente insuficiente, como podrás comprobar por ti mismo si reflexionas sobre las cuestiones que aparecen a continuación.

Define “alucinación”.
Cita ejemplos de alucinación.
¿Estás de acuerdo con la afirmación de que la alucinación depende solo de factores mentales? En el caso de una alucinación inducida por drogas, ¿no existe una causa física de la alucinación? ¿Y en el de un espejismo?
¿Qué se puede decir de las “voces” escuchadas por un esquizofrénico? ¿Tienen o no causa física?
¿Y las imágenes de los sueños?
Si es cierto que las alucinaciones tienen también una causa física, ¿cómo distinguir, entonces, la percepción de la alucinación?

La diferencia entre “percepción” y “alucinación” no puede depender de su causa, ya que, si estudiamos el tema desde un punto de vista psicológico, podremos comprobar que ambas, percepción y  alucinación, tienen tanto causas físicas como causas mentales (de momento, utilizamos “físico” como opuesto a mental: estamos siguiendo la forma común de hablar, no presuponemos que realmente exista tal oposición).
Todos estaremos de acuerdo en que la percepción es “real” y la alucinación no, pero ¿qué significan estas frases: “esto que estoy viendo es real”, “lo que he soñado no es real”?, ¿qué criterio tenemos para distinguir entre realidad y fantasía? Dejemos este tema para más adelante.

(3) La frase “la sensación es mental” significa exactamente esto: no puede existir si no es en alguien que siente, es decir, una mente.
No se rechaza aquí que la sensación tenga causas físicas, únicamente se dice que la sensación como tal aparece en la mente y no es un objeto físico más.
Las notas que caracterizan a los hechos mentales y los diferencian de los hechos físicos son básicamente dos:
(a) Son subjetivos, es decir, son captados por un solo sujeto.
(b) Son inespaciales, es decir, no puede señalarse su presencia en un lugar concreto.

¿Cumple la sensación las características de lo mental?
Miembro fantasma: "me duele la mano izquierda".
Cuando yo veo un color, ¿alguien, además de yo mismo, sabe exactamente lo que estoy viendo?
En relación con la pregunta anterior, ¿puedes saber si el rojo que ve tu compañero es el mismo rojo que tú ves?
¿Qué razones hay para suponer que todos vemos los colores de la misma forma? ¿Son suficientes para llegar a esa conclusión?
Una película española tiene el siguiente argumento: Un asesino, tras cometer un crimen, ve a una chica asomada a la ventana. Piensa que ha presenciado el asesinato y hace todo lo posible por matarla, pero en realidad la chica no ha visto nada porque es ciega. ¿Qué prueba esta historia?
¿Son localizables las sensaciones? Razona la respuesta.
Las personas a las que acaban de amputar una pierna sienten dolor “en la pierna amputada”. ¿Qué demuestra este hecho?

(4) El problema filosófico verdaderamente importante aparece ahora: El acto de sentir es un hecho mental, pero ¿y lo que se siente[1]? ¿Dónde está, en la mente o fuera de ella?
El sabor de la cerveza aparece cuando alguien saborea la cerveza, pero ¿y si nadie la saboreara? ¿Tendría la cerveza ese sabor?
La pregunta tiene dos posibles respuestas:
a) Existe un “sabor en sí” en la cerveza misma, antes de que yo u otro la saboree e independientemente de que lo haga.
b) El sabor aparece en el acto de saborear, y antes de hacerlo no existe.
¿Existe en el azúcar el sabor dulce? ¿O solo existe en la mente?
Evidentemente, tanto Berkeley como (en el texto) Descartes apuestan por la opción b), ya que un “sabor no saboreado” es algo que nadie puede entender, probablemente una contradicción en los términos. 

 Piensa en un sabor. ¿No estás pensando, a la vez, en alguien que lo saborea? ¿Es posible no hacerlo así?


Pero lo mismo que decimos del sabor lo podemos decir de cualquier otra sensación, o mejor dicho, de cualquier cualidad sensible: ¿qué es un olor sino algo que es olido?, ¿qué es un color sino algo que es visto?, etc. Pensemos en el color amarillo o en el perfume de los jazmines: ¿no estoy haciendo como si lo estuviera viendo u oliendo? Alguien que no lo haya sentido nunca no puede saber de qué estamos hablando.
 
Imagina cualquier objeto visible, por ejemplo, un libro o un bolígrafo. ¿No es cierto que siempre te lo imaginas desde una perspectiva, es decir, visto por alguien? ¿Puedes pensar en un objeto visible sin incluir en él la perspectiva?
¿Es lo mismo “pensar” que “imaginar”?

 
(5) Una razón que apoya la subjetividad de las cualidades sensibles (es decir, que no pueden existir si no es en un sujeto o mente) es su variabilidad, incluso cuando el objeto que supuestamente las provoca permanece idéntico: “la misma cerveza puede ser saboreada de diferente forma, dependiendo de mi estado de salud, de los alimentos que he tomado antes, etc.”. 



Si comes dos gajos de la misma naranja, uno antes y otro inmediatamente después de probar un trozo de chocolate, los sabores de ambos gajos serán enteramente diferentes: dulce el primero, amargo el segundo. ¿Qué prueba este hecho?
La misma agua es sentida como fría y caliente a la vez
Una experiencia similar puede hacerse con el sentido del tacto (percepción del calor y el frío): introduce las dos manos en sendos recipientes de agua, uno con agua fría y otro con agua caliente; después, introduce las dos manos a la vez en un tercer recipiente con agua tibia. ¿Cuál será el resultado?
¿Se percibe igual un cuadrado de color verde sobre un fondo amarillo que sobre un fondo azul?
Imagina otros experimentos similares a estos, también para los sentidos no mencionados.
El mismo color se siente de distinta forma: ¿dónde está el color, en el objeto o en quien lo ve?

(6) Sin embargo, hay un par de hechos que obligan a reconocer una cierta objetividad en las sensaciones:
-Compruebo una cierta permanencia en los conjuntos de sensaciones que llamo “objetos”. Por ejemplo, la pantalla que estoy mirando ahora conservará las mismas características (brillo, figura, tamaño, etc.) cuando la mire en otro momento: parece lógico suponer que estas características se han conservado de alguna manera cuando ni yo ni nadie estaba percibiendo la pantalla.
-Está, además, el hecho de que nos entendemos, o al menos así lo creemos. Es decir, yo no sé si el rojo que ve mi compañero de pupitre es el mismo rojo que veo yo, pero sí sé que yo pronuncio la palabra “rojo” y escucho la misma palabra emitida por mi compañero cuando los dos señalamos el mismo objeto. Si le digo “esto es un bolígrafo”, no sé si ve la misma figura que yo, pero veo que se muestra de acuerdo conmigo.
Por eso la posición de Berkeley (“las sensaciones aparecen y desaparecen en la mente, y no hay que buscar su realidad fuera de ella”) no es tan evidente como él pretende. Efectivamente, algún tipo de realidad deben tener fuera de la mente, tal como sugiere Descartes: “estas cualidades no aparecen en la mente cuando la mente quiere, sino que deben responder a ciertos cambios reales ocurridos en las cosas”. Pero, ¿qué realidad es esta? Existen varias opciones, que iremos discutiendo sucesivamente:
a) La de modelos extramentales de las cualidades mentales.
b) La de causas extramentales de las cualidades mentales.
c) La de sustratos extramentales de las cualidades mentales.
d) Finalmente, la de una mente poderosa capaz de provocar que sus ideas sean las ideas de todas las otras mentes.
La última es la teoría de Berkeley; hay que notar que, en este caso, no salimos de la mente: sí de la mía, pero no de la de otra mente en la que están todas las cualidades sensibles que, fuera de ella, no tienen existencia alguna. No se trata, por tanto, de objetividad, sino de distintas subjetividades, que (eso sí) se corresponden entre sí.


2. Ideas primarias e ideas secundarias.

(1) Recapitulemos lo dicho hasta ahora: Partimos de las sensaciones como aquello que nos permite conocer el mundo en que vivimos; pero las sensaciones son hechos mentales: conocerlas es conocer nuestra propia mente. ¿Por qué las consideramos como indicio o señal de una realidad extramental o (lo que es todavía más frecuente) como la realidad extramental misma?

Distingue estas dos afirmaciones: “el color rojo existe fuera de la mente”, “el color rojo procede de algo que existe fuera de la mente”. ¿Con cuál de ellas te muestras de acuerdo? ¿Por qué? ¿Existe la posibilidad de rechazar ambas?


(2) La primera respuesta de Descartes –la teoría no es exclusiva de este autor- es: las cualidades sensibles, aunque subjetivas, son efecto de la acción de las cualidades reales de las cosas sobre ciertas partes de nuestro cuerpo (los órganos de los sentidos); de los sentidos la información es transmitida al cerebro, que a su vez está comunicado con la mente (vía glándula pineal o de cualquier otro modo: no es esta la cuestión que ahora nos interesa).

Suponiendo que las sensaciones son causadas por algo externo a la mente, ¿cómo podemos conocer esa causa de las sensaciones?
“Ver” es una forma de darse cuenta de algo. Cuando vemos un color, ¿quién lo ve: el ojo, el cerebro o la mente? Razona la respuesta.
En general, ¿puede sentir el cerebro?
¿Y pensar?
¿Son lo mismo “cerebro” y “mente”? Si no es así, ¿en qué se diferencian?


La descripción que ofrece Descartes en el diálogo no es cartesiana en todos sus detalles –tiene rasgos propios de una “física de las partículas” de inspiración atomista, como la de Gassendi-, pero nos sirve como indicativa de una forma de pensar (participada por Descartes, Locke y otros) que divide el mundo tal como lo conocemos en cualidades reales o primarias y cualidades secundarias o subjetivas:

“Sentimos la cerveza como un conjunto de sensaciones: colores, sabores, olores, liquidez, frío, etc., pero en realidad la cerveza no es nada de eso; podemos pensarla como un conjunto de partículas definidas por una figura y una posición espacial, que además cambian de posición en el tiempo desplazándose mutuamente, etc., y que entra en relación con otros cuerpos y con la luz, que es como un cuerpo sutilísimo que llena todo el espacio y que es reflejado de diferentes maneras por las superficies: a grandes rasgos, esta es la realidad de la cerveza, y la forma como afecta a nuestra mente esta realidad provoca las sensaciones: así, si las partículas se mueven más rápido o más despacio nosotros experimentaremos frío o calor; dependiendo de la posición, número y movimiento de las partículas aparecerán diferentes tipos de sustancias que, en contacto con las terminaciones nerviosas, producirán los diferentes sabores y olores, etc. Los físicos podrán completar o corregir en parte esta descripción y dar distintos nombres como ‘átomos’, ‘moléculas’, ‘electrones’ y otros a lo que yo he llamado en general ‘partículas’, pero deberán estar de acuerdo conmigo en que lo que define a estas realidades últimas inderivables de otras son las cualidades primarias: posición, movimiento, número y otras similares.”

Según la Física actual, ¿cuál es la “verdadera realidad” de los colores?

(3) Berkeley cuestiona el punto de vista de Descartes: ¿Por qué elegir una parte de eso que llamamos “mundo”, considerándola real y objetiva, mientras que de la otra parte aceptamos que solo existe en nuestra mente?
Hay dos respuestas posibles:
a) Porque ciertas cualidades de las cosas materiales son captadas a la vez por varios sentidos, lo que impide reducir su realidad a lo que aparece en cada uno de ellos. 

Haz una lista de cualidades sensibles captadas por un solo sentido y otra de cualidades captadas por más de un sentido.

b) Porque podemos pensar en una materia sin sabores, colores, olores, etc., pero nos resulta imposible de concebir un mundo en el que los objetos no tengan figura, posición, movimiento, duración, número, etc.

¿Consideras válido el argumento que sostiene que los cuerpos deben poseer realmente las cualidades primarias “porque es imposible pensar de otro modo”? ¿Qué está probando este argumento: la verdadera naturaleza de las cosas, o la limitación de nuestra mente?


La primera respuesta es propia de un empirista y la segunda de un racionalista; por eso el diálogo las ha asignado a Locke y Descartes, respectivamente. Sin embargo, el primero no estaría de acuerdo con dicha asignación, ya que insiste en que la característica fundamental de todo cuerpo, la solidez o impenetrabilidad, es captada por un solo sentido, el del tacto[2]. No importa ahora la exactitud histórica, sino la coherencia interna de una teoría del conocimiento, la empirista.


3. Lo racional y lo empírico.

(1) Según Descartes, las ideas primarias son ideas de razón, innatas, es decir, presentes en la mente desde el nacimiento: “nunca han podido entrar en la mente por los sentidos porque siempre han estado dentro de ella”. Lo muestra por un razonamiento que toca un punto central de su filosofía: la infinitud como la más fundamental de nuestras ideas[3]. El razonamiento es como sigue:
Premisa 1: Todas las ideas primarias presuponen la infinitud.
Premisa 2: Pero es evidente que la idea de infinitud no puede proceder de los sentidos.
Conclusión: Las ideas primarias no son ideas sensibles.

Repasa en el diálogo la prueba de la premisa 1. ¿Es cierto que la idea de espacio presupone la infinitud? ¿Se puede pensar un espacio no infinito?
¿Se puede pensar un tiempo limitado?
¿Es posible entender la idea de “número” sin presuponer la infinitud?
¿Por qué se dice que todas las ideas primarias dependen de las ideas de espacio, tiempo y número?
¿Por qué “es evidente” que la idea de infinitud no ha sido nunca captada por los sentidos?
Racionalismo: únicamente las ideas claras y distintas (innatas, racionales) garantizan el conocimiento de la realidad.

Según Descartes, los sentidos se limitan a “confirmar” ideas (espacio, posición, movimiento, figura, número, etc.) que se poseen previamente, desde siempre[4].


(2) Examinemos ahora la objeción de Descartes al punto de vista, supuesta pero no realmente sostenido por Locke, según el cual las cualidades primarias son aquellas que se captan por más de un sentido:

Locke confunde la causa con la consecuencia: las ideas primarias no son objetivas porque las percibamos por más de un sentido, sino que las percibimos por más de un sentido porque son objetivas.”
 
Lo que se quiere decir aquí es que las cualidades primarias son las características esenciales de todo cuerpo, que nada de lo que llamamos “material” puede dejar de tener porque, en caso contrario, dejaría de serlo. Hemos de reconocer su objetividad por este hecho y no por el de ser captadas por más de un sentido: esto último solo es una confirmación, no la razón de su objetividad.

Distingue con ejemplos entre “confirmación” y “fundamento” de una afirmación o teoría.

Descartes insiste en un punto ya examinado al principio del diálogo: la subjetividad de las sensaciones, de todas las sensaciones: su única realidad es la de ser sentidas por una mente, lo mismo que la de las cualidades sensibles que en ellas aparecen. Una cualidad sensible no sentida (p. ej., un color que nadie ha visto[5]) no tiene más existencia que la puramente virtual: aparecería, comenzaría a existir si fuera percibida por una mente.

(4) Otra razón nos impide distinguir entre sensaciones objetivas, corres­pondientes a las cualidades primarias, y sensaciones subjetivas, y es que en la experiencia sensaciones de ambos tipos aparecen inseparablemente unidas.
 ¿Se puede captar una figura sin color? Sí, puesto que un ciego lo hace. Pero ese mismo ciego capta la figura unida a sensaciones táctiles (duro-blando, frío-calor, etc.), que, según la clasificación anterior, son también cualidades secundarias. En general, una cualidad primaria solo puede ser sentida a la vez que una o varias cualidades secundarias.

Lo dicho en el párrafo anterior parece claro en relación con la acción de sentir o percibir, pero ¿ocurre lo mismo cuando imaginamos?, ¿y cuando pensamos?
¿Es posible entender (no “sentir”) una figura geométrica sin color, olor, sabor, ni ninguna otra cualidad secundaria?

(5) Berkeley insiste: Si consideramos subjetivas las cualidades secundarias por su variabilidad, la misma razón debe llevarnos a reconocer la subjetividad de las llamadas cualidades primarias.

“¿O es que el borde de esta jarra es, para ti o para mí, un círculo perfecto? Demos vueltas en torno a ella y veremos cómo su forma varía.”

 Igual que mencionamos la variación de la figura, ¿puede hablarse de la variabilidad de las demás ideas primarias? Por ejemplo, ¿se percibe la duración siempre de la misma manera?
Piensa sobre otros ejemplos de variabilidad en la captación de las llamadas “cualidades primarias”.

Empiristas británicos: Locke, Berkeley, Hume
(6) Sin embargo, esta variabilidad no parece la misma para la figura sentida que para la figura pensada: Siempre entendemos lo mismo por “círculo”, aunque el círculo que vemos nos aparezca siempre diferente (es el argumento de Descartes: “eso [que la figura del borde de la jarra varía, y nunca es un círculo perfecto] es lo que me dicen los sentidos, pero mi razón comprende sin dejar lugar alguno a la duda lo que es la forma circular”). Lo mismo puede decirse de la duración: una hora de diversión pasa más deprisa que una hora de aburrimiento, pero la razón, por medio de la medida objetiva del tiempo, comprueba que una hora es siempre una hora.

El estudio de las llamadas “ilusiones ópticas” proporciona ejemplos de variación en la percepción del tamaño. Recuerda algunos de ellos.
La diferencia entre “ilusión” y “alucinación” es que en la última el sujeto cree en la realidad de lo que percibe, mientras que en la primera el sujeto sabe que su percep­­ción es engañosa. ¿Prueba la existencia de las ilusiones la prioridad de las ideas de razón sobre las ideas de los sentidos? Razona la respuesta.



La teoría de la relatividad rechaza la invariabilidad del espacio y el tiempo.

Hasta ahora hemos visto ejemplos en que la figura, el tamaño, la duración, etc. (“cualidades primarias”) varían en la percepción sensible, aunque la razón siempre conserva la capacidad de comprobar su permanencia. Hemos distinguido entre “percepción subjetiva” y “medida objetiva” de estas magnitudes e interiormente nos hemos alegrado de que, aunque la primera pueda resultar engañosa, gracias a la segunda siempre tenemos la posibilidad de salir del error.
Pero ¿qué pasaría si la considerada “medida objetiva” proporcionara también diferentes resultados? ¿Deberíamos dejar de confiar en ella? ¿Y qué nos quedaría, entonces?
Esto es exactamente lo que ocurre, según la teoría de la relatividad. Tanto la distancia como el tiempo son magnitudes variables, y ninguna medida “objetiva” puede acabar con estas variaciones.
La teoría de Einstein parte de un dato: la constancia de la velocidad de la luz. Un rayo de luz en un objeto móvil tarda exactamente lo mismo en llegar de A a B como de B a A (lo cual resulta extraño si pensamos que al desplazarse en el sentido del movimiento recorre menos distancia que si lo hace en el sentido contrario). Consecuencia de este hecho es la negación de un espacio y tiempo absolutos: las distancias y los tiempos dependen de cada sistema de referencias. Así por ejemplo:
a) Supongamos un tren y un andén: dos sistemas de refe­rencia en movimiento relativo. En cada uno de ellos un obser­vador. Si se emiten dos señales luminosas desde dos puntos A y B equidis­tantes del observador "interno", este recibirá ambas señales a la vez; el observador "externo", sin embargo, perci­birá que el observador "interno" sale al encuentro de una de las señales y huye de la otra: recibirá una antes que otra. Dos sucesos simultáneos en un sistema de referencia no lo son en otro sistema de referencia distinto.
Relatividad: ni la distancia recorrida ni el tiempo que tarda un rayo de luz en ir de un punto A a otro B de un vagón en movimiento son iguales dentro y fuera del vagón.
b) Supongamos ahora una señal luminosa lanzada en el interior del tren desde el suelo hasta el techo, donde se refleja para volver de nuevo al suelo. El observador "interno" aprecia la distancia recorrida por el rayo: p. ej., si la altura del vagón es de 5 m., recorrerá en total 10 m. El observador "externo" apreciará una distancia mayor: la trayec­toria del rayo no son dos líneas superpuestas, sino los dos lados iguales de un triángulo isósceles (p. ej., 12 m. en lugar de 10). Dado que t=e/v, v es la velocidad de la luz (c), que es constante, y e es en un caso 10 y en el otro 12, no queda más remedio que sacar una conclu­sión: t es menor en el tren que en el andén. Es decir, el tiempo pasa más despacio en un sistema de referencia móvil.

¿Crees que la teoría de la relatividad fuerza a admitir la subjetividad de las ideas de espacio y tiempo? Razona la respuesta.
En el caso de que espacio y tiempo tuvieran solo una realidad subjetiva, mental, ¿qué consecuencias se seguirían respecto de la realidad de lo que llamamos “mundo”?



4. Ideas y representaciones.

(1) La discusión sobre la naturaleza, racional o sensible, de las ideas primarias cede momentáneamente frente a otro problema de todavía mayor importancia: ¿cómo podemos saber que esas ideas primarias, consideradas objetivas, reproducen o representan fielmente la realidad externa a la mente?
Matrix: no hay cuchara en sí, solo el contenido de una percepción.
El representacionismo, nombre que en historia de la filosofía engloba las teorías sobre el conocimiento de, entre otros, Descartes y Locke, sostiene lo siguiente:
a) El objeto inmediato del conocimiento no son realidades extramentales, sino ideas. Dicho de otro modo: todo lo que es conocido es una idea, ya que, para que algo sea conocido debe estar en una mente (de otra forma, no podría ser conocido), y a lo que hay en una mente se le llama “idea”. Por supuesto, el término “idea” incluye no solo conceptos abstractos, sino todo tipo de objetos percibidos por la vista, el oído, el tacto, etc.; pero lo que debe quedar claro es que tales objetos sentidos, al ser sentidos por la mente, son ideas.

Si te resulta difícil entender por qué se dice que el libro o bolígrafo que estás viendo y tocando es una idea en tu mente, imagina que estás teniendo un sueño o una alucinación: En ese caso, deberás aceptar que lo que percibes no es una cosa, sino una idea. Ahora bien, dejando de lado la cuestión de si los objetos que ves son reales o fantásticos, ¿qué diferencia hay entre ambas experiencias?, ¿no son los objetos percibidos enormemente parecidos?, ¿por qué llamar al uno “cosa” y al otro “idea”?

b) Lo inmediatamente percibido, las ideas (al menos, parte de ellas), “representan”, “se asemejan a” o “se corresponden con” cosas existentes fuera de la mente.
El punto b) es el más problemático: ¿qué razones hay para confiar en esta “correspondencia” o “semejanza”?
Representacionismo: lo que propiamente conocemos no es el árbol en sí, sino una representación mental de dicho árbol, supuesta copia de un modelo extramental que no conocemos. Descartes y Locke son representacionistas, Berkeley y Hume no.
(2) La respuesta de Descartes es conocida: Dios garantiza que mis percepciones “claras y distintas” se corresponden con la realidad, ya que lo contrario iría contra la perfección de un ser que no ha podido crear una mente condenada necesariamente al engaño.

“Descubro una idea (la de infinito) que debe tener un origen externo a la mente y descubro que tal origen solo puede ser el mismo ser infinito, el cual garantiza que la mente no se equivoca cuando afirma que lo que encuentra en su fondo se corresponde con la realidad.”

¿Es posible acudir a Dios para asegurarnos de que nuestros conocimientos son fiables? En caso de que lo hagamos, una de dos: o sabemos que Dios existe y que no nos engaña, o no. Si lo sabemos, ¿cómo estamos seguros de que este conocimiento es fiable? Y si no lo sabemos, ¿es legítimo fiarnos de lo que creemos conocer gracias a lo que claramente ignoramos?

(3) Berkeley, aunque cree en Dios, no piensa que Dios tenga que garantizar nada, sencillamente porque no cree que haya “otra realidad” representada por lo que percibimos: real es lo que se percibe y quien lo percibe, nada más.

“Afirmo que esta cerveza es sin duda real puesto que yo la veo y la saboreo, y no entiendo ningún otro tipo de realidad que este ser vista y saboreada; como ves, no echo mano de Dios para nada.”

Berkeley: solo la mente divina puede asegurar la realidad permanente de lo percibido.


Sin embargo, Berkeley sí echa mano de Dios después: es la mente que percibe todas las cosas, y hace que las percepciones de todas las otras mentes se correspondan entre sí (ver arriba, 1.6). Es la única alternativa que le queda para justificar la permanencia de las cosas sensibles, una vez que ha rechazado razonablemente las otras tres opciones allí reseñadas.

(4) Lo que Berkeley sostiene es que la afirmación las ideas representan cosas es sencillamente absurda. Y ello por tres razones:
a) Solo puede saber que dos cosas son semejantes quien conozca ambas y pueda compararlas. Pero solo puede conocerse lo que es idea; por tanto, nunca podrá compararse una idea con una no-idea y asegurar que ambas se parecen.

Supongamos que alguien, viendo un retrato, dijera: “Se parece muchísimo al modelo”. ¿Qué se necesita para poder decir tal cosa?
Ahora supongamos que vemos el retrato de un personaje histórico muerto hace ya muchos años. ¿Se podría afirmar su parecido con el modelo? Y en caso de que así sea, ¿en qué nos basaríamos?
¿Cómo saber si este retrato se parece a su modelo?
Si, a partir de este último ejemplo, hacemos una analogía entre, por un lado, el retrato y la idea y, por otro, el modelo y la cosa (no-idea), ¿podríamos deducir que existe una forma indirecta de comprobar la semejanza entre ideas y cosas? ¿Cuál sería esta?

b) Algo percibido o perceptible (idea) solo puede parecerse a otra cosa percibida o perceptible (también idea), nunca a algo imposible de percibir (no-idea). Por ejemplo, ¿cómo puede entenderse que este libro (percibido: idea) se parezca a algo invisible, intangible, imperceptible (no-idea)?
c) Si, como hemos visto, las ideas o percepciones varían aunque supuestamente representen el mismo objeto, ¿cómo saber cuál de ellas lo representa mejor, cuál es la “percepción correcta” entre todas las posibles? Por ejemplo, la misma mesa puede ser vista desde diferentes perspectivas, a distintas horas del día (con lo cual los colores serán diferentes), más cerca o más lejos, etc.: de todas estas ideas tan diferentes entre sí, ¿se puede decir que una sola de ellas representa a “la mesa”, y todas las demás son engañosas? Y en caso afirmativo, ¿cómo elegimos la correcta?

¿Puede percibirse “la mesa en sí”, tal como objetivamente es, o siempre incluimos en la percepción de la mesa la forma como es percibida por un sujeto? Razona la respuesta y examina qué consecuencias pueden extraerse del hecho.


5. Un sustrato desconocido bajo cualidades conocidas.

(1) Rechazada por absurda la tesis representacionista, todavía queda un último asidero para quienes (como Descartes) creen en la existencia de un mundo material exterior a la mente.

“Está bien, concedamos por un momento que todas las cualidades (primarias y secundarias) existen solo en la mente, pero podría ocurrir que la cosa misma, el soporte de todas esas cualidades, sí sea real.”

La distinción entre “cosa misma” y “cualidades de la cosa” se inspira claramente en Aristóteles. Para este autor, la substancia es el sujeto, lo que existe en sí, mientras que el accidente es lo que existe en otro o se dice de otro. Por ejemplo, si decimos “la cerveza está fría” distinguimos entre la frialdad como algo que atribuimos a la cerveza (no existe en sí, sino en otro) y la cerveza como el sujeto de dicha atribución.
En el diálogo, Descartes admite que la frialdad exista solo en la mente, pero el soporte de dicha frialdad, la cerveza, existe fuera de la mente.

La distinción substancia-accidente se traduce lingüísticamente en la estructura gramatical sujeto-predicado. ¿Es posible usar el lenguaje prescindiendo de dicha estructura?
Cuando descubrimos la necesidad de un pensamiento (es imposible pensar lo contrario), decimos de él que es a priori: no se basa en la experiencia, porque ninguna experiencia puede desmentirlo. ¿Crees que la distinción substancia-accidente es una estructura a priori? Razona la respuesta.

(2) Pero este asidero se revela enseguida como un clavo ardiendo, al menos por dos razones:
a) Se debe reconocer que el soporte de las cualidades conocidas es algo desconocido, algo que no sabemos lo que es; podemos hacer una lista de lo que no es: no posee ninguna de las cualidades conocidas por nosotros (tamaño, figura, posición espacial, movimiento, duración, color, sabor, olor, etc.), ya que todas estas cualidades son mentales y estamos hablando de algo no mental. ¿Qué nos queda entonces? Una “x” de la que no podemos decir nada. Y, tratándose de algo que no podemos describir de ninguna forma, ¿hay alguna diferencia entre decir que existe y decir que no existe?

Imagina que alguien te pregunta si crees en la existencia de los darosos. Preguntas qué es un daroso y te contesta que es una palabra que no tiene significado. ¿Se podría decir que los “darosos” existen? ¿Y que no existen?

b) Además, resulta paradójico admitir que el soporte de unas cualidades mentales sea algo no mental. Parece más lógica la posición de Berkeley:

 “Al ser mentales, el único soporte o sujeto real de ellas es la propia mente.”


(3) La discrepancia entre Descartes y Berkeley no se limita al carácter mental o no mental de las cosas, versa también sobre el significado de la palabra “cosa”. ¿Qué es una cosa: una colección de cualidades, o una unidad de la cual se dicen todas estas cualidades? Descartes admite la idea de “substancia” como una representación clara y distinta, presente en la razón desde siempre y no venida desde fuera por los sentidos, y que en consecuencia es tan real como todas las otras ideas claras y distintas. Berkeley, por el contrario, no encuentra en las cosas más ideas que las proporcionadas por la experiencia:

“¿Qué es esa cerveza misma, aparte del conjunto de cualidades que acabas de enumerar y otras similares?”

Según el dogma católico, en la Eucaristía cambia la sustancia permaneciendo los accidentes del pan  y el vino.

Reflexiona sobre esta cuestión: ¿Procede la idea de “substancia” de la experiencia, o es más bien una condición de la misma experiencia?
El dogma católico de la transubstanciación ilustra muy bien las discrepancias en torno a la idea de “substancia”. Según este dogma, definido en los concilios IV de Letrán y de Trento y no admitido por los protestantes, lo que ocurre en la Eucaristía cuando el sacerdote pronuncia las palabras “Esto es mi cuerpo” y “Esta es mi sangre” es que el pan y el vino dejan de ser pan y vino y se transforman en el cuerpo y la sangre de Jesucristo, aunque conservando los accidentes o cualidades propios del pan y el vino. Según lo anterior, ¿qué opinión tendrían Descartes y Berkeley sobre la transubstanciación? ¿Existe alguna relación con el hecho de que el primero fuera católico y el segundo protestante?


6. Realidad y fantasía.

(1) Berkeley va desgranando sus argumentos y deshaciendo los de la parte contraria de una forma enteramente lógica. Sin embargo, puede hacérsele una objeción: Si todo existe en la mente, ¿cómo distinguir entre realidad y fantasía? O dicho con otras palabras: Si todo aquello con lo que tratamos son nuestras propias ideas, ¿por qué decir que unas ideas son “más reales” que otras?

¿Es lo mismo decir “todo existe en la mente” que “todo existe en mi mente”? ¿Cuál es, en realidad, la posición de Berkeley?

(2) Berkeley responde a esta objeción: Desde luego, la forma de saber si una idea es o no real no es compararla con una no-idea (comparación que, como ya hemos visto [4.4], resulta imposible), sino compararla con otras ideas.

Recuerda la cuestión del apartado 4.4, acerca de cómo saber si el retrato de un personaje histórico muerto hace ya muchos años corresponde al modelo. Compara la respuesta a esta cuestión con la opinión de Berkeley sobre el criterio de realidad de las ideas.

(3) ¿Cómo se realiza esta comparación entre ideas? Todos somos capaces de distinguir entre “percepción” e “imaginación”, porque tenemos experiencia de ambas. No necesitamos más.

“Si esa misma idea hubiera aparecido con más fuerza y vivacidad, si no te hubiera resultado tan fácil eliminarla con la sola decisión de hacerlo y, sobre todo, si hubiera estado acompañada por un conjunto de sensaciones coherentes con ella, nadie pensaría que le faltara algo para llegar a ser real. Pero en todo lo que he dicho no hay indicio de ‘existencia extramental’ alguna.”

Tenemos, entonces, tres indicios de realidad en las ideas mismas:
a) Fuerza, vivacidad y precisión: las ideas imaginadas suelen ser menos vivas y precisas que las ideas percibidas o reales (pero no siempre).
 
¿Sabes qué son las imágenes hipnagógicas? ¿Basta este primer criterio para rechazar la realidad de tales imágenes?

b) Independencia de la voluntad: las ideas imaginadas aparecen y desaparecen a voluntad (pero no siempre).

 Pon ejemplos de ideas fantásticas que no aparecen y desaparecen a voluntad.
¿Por qué la percepción de Jacob es fantástica y no real?

c) El criterio más importante: la continuidad y coherencia con el resto de la experiencia. Las ideas reales son confirmadas por la totalidad de la experiencia de una persona y también por otras personas; una idea fantástica puede ser momentáneamente creída o tenida por real, pero acabará chocando con el resto de percepciones de la persona y rechazada por otros sujetos percipientes.

¿Conoces la obra “Rinoceronte”, de  E. Ionesco? Su argumento es el siguiente: Un día aparece un rinoceronte corriendo por la ciudad. Al principio se cuestiona la realidad de tal hecho, pero sucesivas experiencias (más rinocerontes) confirman lo anterior hasta que todo el mundo acaba considerándolo “normal”. Relaciona esta historia con el tercer indicio de realidad señalado por Berkeley.
Imagina otros ejemplos que ilustren los criterios que, según Berkeley, sirven para distinguir la realidad de la fantasía.


(4) Cuando sufrimos una alucinación, uno de los indicios de realidad anteriormente enumerados –generalmente el tercero- falla. Ahora bien, supongamos que todos sufrimos la misma alucinación durante toda la vida. En ese caso, “real” sería el objeto de esa alucinación, que sin embargo comprendemos que no existe fuera de las mentes de las personas. Eso es exactamente lo que dice Berkeley de toda realidad[6].

Supongamos que el oxígeno, que todos consumimos necesariamente, fuera una sustancia alucinógena que produce en todos el mismo tipo de alucinaciones. ¿Habría alguna forma de descubrirlo?
¿Te has planteado alguna vez la posibilidad de que todo lo que percibes –incluidos familiares, amigos y profesores- sea en realidad parte de un sueño o alucinación que está teniendo lugar en tu mente? ¿Cómo puedes probar que no es así?


7. La construcción del objeto.

(1) Desde el principio de su intervención, Kant expone claramente su punto de vista: no conocemos las cosas en sí, sino solo los objetos en cuya construcción ha intervenido el propio sujeto.

 “Esto que tú llamas ‘jarra de cerveza’ es una construcción: la mente ha aportado una forma para sentirla y pensarla, pero lo que ‘llena’ esa forma no es puesto por la mente.”

Se distingue por tanto, dentro del objeto, “lo recibido” por el sujeto (materia) y “lo puesto” por él (forma). En cuanto a la materia, dice Kant que es “el único indicio que posee la mente de una existencia extramental”. Su argumento: puesto que la mente la recibe, no puede originarse dentro de ella.

¿Te parece convincente este argumento? ¿Qué replicaría Berkeley? Según este autor, mi mente no crea sus propias percepciones, pero para explicar este hecho no es preciso acudir a “existencia extramental” alguna. ¿Qué otra/s alternativa/s existe/n?

(2) A continuación, aclara qué es esa forma subjetiva sin la cual no podría haber objetividad alguna: las condiciones necesarias para sentir y pensar todo aquello que se nos da en la experiencia.
A las condiciones para sentir (formas a priori de la sensibilidad), Kant las llama “intuiciones puras”, y son dos: el espacio y el tiempo[7] (el número sería un derivado de la intuición de tiempo o sucesión).

“¿Puedes sentir esta jarra de cerveza si no hay espacio y tiempo? De ninguna manera.”

¿Podemos sentir algún objeto físico sin referirlo a los esquemas arriba-abajo, delante-detrás, derecha-izquierda?¿Significa eso que tales esquemas son previos a la sensación?
Distingue entre percepciones que se dan en el espacio y el tiempo y percepciones que se dan solo en el tiempo.

A las condiciones para pensar (formas a priori del entendimiento), Kant las llama “conceptos puros” o “categorías”, y están implícitas en los distintos modos de juzgar o pensar acerca de los objetos. El ejemplo más claro es la idea de “substancia”, por la cual unificamos las distintas sensaciones en un único objeto.

“Al hacer el juicio ‘esto es una jarra de cerveza’, tú refieres unas sensaciones a una realidad distinta de la mente, concebida como ‘cosa’ o ‘substancia’. Es un pensamiento totalmente inevitable.”
 
¿Crees que, igual que el concepto de “substancia”, el de “causa” es un pensamiento a priori, o procede más bien de la experiencia? Razona la respuesta[8].

(3) Si examinamos lo que Kant considera “forma” de la experiencia, nos daremos cuenta de que viene a coincidir aproximadamente con lo que hasta ahora hemos llamado “cualidades primarias”: espacio, tiempo, número, substancia, causalidad, etc. Por el contrario, la “materia de la sensación” equivale también aproximadamente a las “cualidades secundarias”: como ellas, no pueden darse solas, sino en esa especie de esquema a priori puesto por el sujeto.

¿Podemos pensar en un color que no ocupe un espacio? ¿Podemos pensar un espacio sin color alguno? ¿Cuál de las dos ideas es, entonces, más básica o fundamental?

(4) Sinteticemos esquemáticamente los puntos de vista de los cuatro autores mencionados en torno a las ideas o cualidades primarias:


NATURALEZA DE LAS CUALIDADES PRIMARIAS



DESCARTES

LOCKE

BERKELEY

KANT


¿SENSACIONES O IDEAS DE RAZÓN?



IDEAS DE RAZÓN


SENSACIONES


SENSACIONES


IDEAS DE RAZÓN

¿OBJETIVAS O SUBJETIVAS?


OBJETIVAS

OBJETIVAS

SUBJETIVAS

SUBJETIVAS


 
He aquí algunas cuestiones para repasar lo que hemos visto hasta el momento:
¿Cuál es la razón principal de Descartes para sostener que las cualidades primarias son ideas de razón? ¿Y la de Kant? ¿Son compatibles entre sí?
¿Por qué tanto Locke como Berkeley sostiene que las ideas primarias son sensaciones?
¿Cuáles son las razones de Berkeley para afirmar la subjetividad de las cualidades primarias? ¿Y las de Kant?


8. ¿Qué es la materia?

(1) “No podemos conocer nada fuera de la mente”: esa es la conclusión a la que llegan los tres filósofos, aunque mantienen su discrepancia en cuanto a que eso signifique o no que no haya nada fuera de la mente. Para Descartes, lo único inmediatamente cierto es el “yo pienso”: en el mejor de los casos, encontraremos, entre las cosas que pienso, algunas ideas que –porque Dios así lo ha querido- representan lo que hay fuera de mí. Berkeley encuentra absurda esta idea de “representación” y no acepta otra forma de existencia que la mental. Kant, por su parte, descubre en el objeto las huellas de su construcción por el sujeto, aunque siempre a partir de algo recibido.

(2) ¿Qué es, entonces, la materia? ¿Un simple contenido de la mente, o algo independiente de ella? Berkeley sintetiza el punto de vista materialista:


  “Estoy acostumbrado a tratar con personas empeñadas en mantener contra viento y marea, y de forma totalmente impermeable a los razonamientos, el prejuicio de la existencia de una ‘materia’ independiente de la mente de la cual procede todo lo que existe y a la cual se reduce, en último término, la misma mente.” 


Muchos llamarían a esto materialismo científico, pero ¿se trata realmente de un punto de vista científico? La ciencia trata con fenómenos, es decir, objetos tal como aparecen a un sujeto que los percibe (ideas, en definitiva). El concepto físico de materia no es más que eso: el concepto (o sea, la idea) de materia. Confundir una idea con una realidad en sí es un craso error, impropio de científicos.


El materialismo identifica "mente" y "cerebro", pero el cerebro es solo un objeto más de los que percibe la mente.

¿Qué es lo primero que conocemos, la mente o la materia? Razona la respuesta.
Algunas personas afirman que la mente es algo material, una función del cerebro. ¿Qué razones hay para sostener tal cosa? ¿Son válidas esas razones?¿Qué se da en ellas por supuesto?¿Se trata de un punto de vista científico, o metafísico?
Intenta exponer sintéticamente las críticas de Descartes, Berkeley y Kant al materialismo.



“Nosotros no conocemos las cosas en sí, sino en relación con nuestra capacidad de conocer: no podemos salir de ella y captar la realidad incontaminada, limpia de esquemas impuestos... Por más que busquemos la ‘objetividad pura’, solo encontramos unas formas o esquemas enteramente subjetivos (el espacio, el tiempo, el concepto de ‘naturaleza’ o ‘materia’, etc.) sin los cuales no es posible objetividad alguna.”



Una reflexión sobre el conocimiento que, modestamente, reconoce sus límites. Saber que no sabemos, como decía Sócrates, es la mejor forma de comenzar la indagación de cualquier problema.




[1]A lo que se siente o aparece en una sensación lo llamaremos desde ahora “dato sensible” o “cualidad sensible”.

[2]“La idea de la solidez la recibimos por nuestro tacto; y surge de la resistencia que advertimos en un cuerpo a que cualquier otro cuerpo ocupe el lugar que posee, hasta que cede” (Ensayo sobre el entendimiento humano, libro II, cap. IV, § 1). Y un poco más abajo (§ 2): “Por esta idea, perteneciente a lo corpóreo, es como concebimos que un cuerpo llena el espacio”. Se puede advertir la semejanza entre la idea de solidez en Locke y la de extensión en Descartes. En este último no se trata de un dato sensible, sino de una idea de razón, “clara y distinta”. Se puede discutir si en Locke la razón definitiva para aceptar la realidad de las cualidades primarias (que “la mente las considera como inseparables de cada partícula de materia”, o.c., libro II, cap. VIII, § 9) no equivale en el fondo a admitir, como sostiene Descartes, que el fundamento de las ideas primarias se halla en la razón, no en los sentidos.

[3]Conocerme a mí mismo es conocerme como finito y, de alguna forma, conocer lo infinito, ya que la intuición primera y básica (“yo pienso”) va siempre acompañada de la conciencia de la infinitud.: “Veo manifiestamente que hay más realidad en la substancia infinita que en la finita y, por ende, que, en cierto modo, tengo antes en mí la noción de lo infinito que la de lo finito: antes la de Dios que la de mí mismo. Pues ¿cómo podría yo saber que dudo y que deseo, es decir, que algo me falta y que no soy perfecto, si no hubiese en mí la idea de un ser más perfecto, por comparación con el cual advierto la imperfección de mi naturaleza?” (Meditaciones metafísicas, III).

[4]Argumento clásico del racionalismo, que ya aparece en Platón: las ideas fundamentales no se dan en la experiencia, ya que sin ellas no podríamos entender la experiencia. También en Kant: el espacio y el tiempo son formas a priori de la sensibilidad, "ideas" (mejor dicho: intuiciones) sin las que no podría haber sensación alguna.

[5]Hay que distinguir, como hace Husserl, el eidos o esencia universal de un determinado color o matiz (ej.: “rojo”) y el caso o ejemplo individual que se da en la experiencia (ej.: este rojo que estoy per­ci­biendo en este instante). Con la expresión “un color que nadie ha visto”, nos referimos al segundo de estos dos significados: este color no aparece hasta que es percibido, aunque otros ejemplos del mismo eidos hayan sido ya experimentados.

[6]Habría que precisar un poco más: “real” sería el objeto de una alucinación si fuera compartida por todas las mentes, incluyendo la mente divina. Aunque para Dios no se trataría tanto de sufrir la alucinación cuanto de producirla. Se ve cómo, en tal caso, los límites entre “percepción” y “alucinación” quedan completamente difuminados.

[7]“Intuición” significa, al contrario que “concepto”, idea o representación individual. Así, el espacio y el tiempo son intuiciones y no conceptos porque corresponden a objetos únicos: solo puede ha­ber un espacio y un tiempo.
Se llama “pura” a una idea o representación cuyo contenido no ha sido tomado de la experiencia. Todas las formas a priori (intuiciones o conceptos) son puras porque no proceden de la experiencia, sino que hacen posible esta.

[8]Se trata de elegir entre dos posibles ideas de “causa”: enlace habitual (Hume) o conexión necesaria (Kant). Si en el concepto “causa” incluimos necesidad, está claro que debe ser a priori.

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