lunes, 18 de julio de 2016

1280 almas

Presentación del fragmento

Jim Thompson (1906-1977) es, después de Raymond Chandler y Dashiell Hammett, el principal exponente de la novela negra americana. Guionista de algunas películas de Kubrick como Atraco perfecto y Senderos de gloria, sus propias novelas han sido llevadas al cine por directores como Sam Peckinpah (La huida), Bertrand Tavernier (1280 almas), Stephen Frears (Los timadores) o Michael Winterbottom (El demonio bajo la piel). Cultiva la narración en primera persona, adoptando el punto de vista del protagonista del relato (muchas veces un criminal) y mostrando crudamente, sin justificaciones morales, los motivos de sus actos. Al contrario que otros escritores de novela negra, sus historias suelen desarrollarse en un medio rural, escenario de crimen, racismo, hipocresía y corrupción. En 1280 almas (Pop 1280, en su título original) el protagonista es el sheriff de una población de 1280 habitantes, “un lugar que es el mundo entero para todos los de aquí, porque no han visto otra cosa”, y donde él mismo describe su actividad como “no hacer nada que me pueda costar mi empleo” y “abatir a los pobres pecadores por los que nadie da una mierda”. Desde esta posición solo entiende una forma de solucionar los problemas: matar a quien los causa; lo cual produce nuevos problemas que solucionará de la misma manera…, y así hasta llegar a un final abierto con una última frase que es como un signo de interrogación: “en cuanto a saber qué hacer, no sé más que si fuera cualquier otro piojoso ser humano”.
El fragmento seleccionado muestra al protagonista soñando/recordando su infancia y, de paso, introduciéndonos en su cínica visión del mundo.

Fragmento (capítulo 6)
Cansado como estaba, me sumergí en un sueño agitado, en la pesadilla que siempre me perseguía. Soñé que volvía a ser un niño, solo que no parecía un sueño. Yo era un niño y vivía en la decrépita granja con mi padre. Quería escapar de él y no podía. Y cada vez que me ponía las manos encima me daba de palos hasta dejarme medio muerto.
Soñaba que me escabullía por una puerta, pensando que podría escapar de él, y de repente me cogía por detrás.
Soñaba que le llevaba el desayuno a la cama, y que al levantar los brazos me lo tiraba a la cara.
Soñaba –vivía– que le enseñaba el premio de lectura que había ganado en la escuela. Porque estaba seguro de que le gustaría y yo quería enseñárselo a alguien. Y soñaba –vivía– que me levantaba del suelo con las narices chorreando sangre a causa del golpe que me había dado con la pequeña copa de plata. Y él me gritaba, me chillaba que estaba en la escuela porque era una desgracia en todo lo demás.
El caso era, creo, que no podía soportar que yo hiciera algo bien. Porque si yo hacía algo bien, ya no podía ser el monstruo anormal que había matado a su madre al nacer. Y yo estaba obligado a serlo. Él tenía que tener siempre algo de que acusarme.
Ya no se lo echo tanto en cara, porque he visto montones de personas más o menos como él. Personas que buscan soluciones fáciles a problemas inmensos. Individuos que acusan a los judíos o a los tipos de color de todas las cosas malas que les han ocurrido. Individuos que no se dan cuenta de que en un mundo tan grande como el nuestro hay muchísimas cosas que por fuerza tienen que ir mal. Y si alguna respuesta hay al porqué de todo esto -y no siempre la hay-, vaya, entonces es probable que no se trate de una sola respuesta, sino de miles.
Pero así era mi padre: como esa clase de personas. De los que compran libros escritos por un fulano que no sabe una mierda más que ellos (de lo contrario no se habría puesto a escribir libros) y que al parecer tiene que enseñarles las cosas. O de los que compran un frasco de píldoras. O de los que dicen que la culpa de todo la tienen otros y que la solución consiste en acabar con ellos. O de los que afirman que hay que entrar en guerra con otro país. O… Dios sabe qué.

La relación de Thompson con el cine es larga y fructífera: aquí aparece como actor en Adiós, muñeca, adaptación de la novela de Chandler.
Trabajando el fragmento en clase de Filosofía
1. El protagonista/narrador del relato es un sheriff corrupto que asesina sin remordimientos y descarga su rabia contra los más débiles e indefensos. ¿Crees que este fragmento, situado hacia el principio, hace que comprendamos mejor su forma de ser y de actuar? ¿Puede ser una ilustración del principio “el niño maltratado se convierte en adulto maltratador”?
2. ¿En qué consiste el mecanismo de defensa conocido como desplazamiento? ¿Cómo aparece en el fragmento?
3. Otro principio psicológico dice: “La frustración genera agresión”. ¿Estás de acuerdo con él? ¿Cómo se refleja en el fragmento? Busca información sobre uno de los estudios clásicos acerca del tema, realizado en un ambiente similar al de la novela (el sur de los Estados Unidos), donde se mostraba la correlación entre la caída de los precios del algodón y el aumento del número de linchamientos.
4. ¿Cómo se muestra la relación entre racismo, demagogia e ignorancia? Reflexiona sobre esta cuestión: ¿qué consecuencias tiene, en tu opinión, la tendencia a buscar soluciones fáciles para problemas difíciles?, ¿qué papel juega la educación al respecto?
5. El escritor Jim Thompson se inspiró en su propio padre, policía corrupto, para crear al personaje. Reflexiona, partiendo de este hecho, acerca de dos formas alternativas de responder al sentimiento de frustración: la creación artística y la violencia real, así como la posible relación entre ellas.